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En memoria de Joseph Roth

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Por Jon Hughes

«Las pequeñas cosas de la vida son lo único importante»

Joseph Roth (1894-1939), de cuya temprana muerte se cumple el próximo mes de mayo el septuagésimo aniversario, fue un autor interesante y prolífico con una vida turbulenta y llena de atractivos contrastes. Mientras que su reputación literaria no deja de crecer, Roth se nos revela como una encarnación de las contracciones de la Modernidad y de las identidades europeas del siglo XX: un escritor judío que trató temas católicos, un escritor "austriaco" cuya carrera quedó marcada por el tiempo que pasó viviendo y trabajando en Alemania, un escritor "socialista" que, llegado el momento, adoptó tendencias conservadoras y monárquicas, un modernista cuya obra de mayor éxito se vuelve hacia el realismo del siglo XIX y los cuentos populares de la infancia del autor. Alimentados por el alcoholismo crónico que terminaría matándole, sus años de florecimiento no conocieron un momento de calma. Viviendo en alojamientos provisionales y en hoteles, Roth recorrió todos los caminos de Europa con la pluma en la mano, ocupado en beber, conversar, observar y escribir en los bares y cafés de las grandes ciudades. Las distintas etapas de su vida han quedado documentadas, y de modo muy vívido, en sus escritos: el "sthetl", tan de Europa Oriental, de su infancia en la Galizia; la Viena imperial y su esplendor que se desvanecía; la emoción del Berlín de la decada de 1920; el exilio, la ira y la desilusión en París y Ámsterdam en los años 30.
 
 
Edición inglesa de
"Las ciudades blancas. Noticias de Francia 1925-39"
Edición inglesa de la recopilación de relatos breves


 
"Radetzkymarsch", la novela más reputada de Roth ("La Marcha Radetzky", 1932, cuya última traducción al inglés se debe a Michael Hofmann, Ed. Granta, 2002), sigue siendo un excelente punto de partida para quien desee adentrarse en su obra. Escrita y publicada en una época de crisis económica y política, durante los años anteriores a la subida al poder de Hitler en Alemania, esta novela histórica es una elegía a un mundo desaparecido y a unos sueños incumplidos. Leerla es experimentar una inmersión: el relato, basado en meticulosas investigaciones, nos lleva de la mano a través de Austria-Hungría tal como fue una vez, una tierra de rituales extraños pero tranquilizantes, de tradiciones – y actitudes – de simplicidad rural y grandiosidad metropolitana, de una diversidad cultural y lingüística casi inconcebible y ligada por un frágil lazo: el Imperio. La novela cuenta la historia de tres generaciones de la familia Trotta, cuyo ascenso hasta la respetabilidad burguesa y su caída final aparecen misteriosamente entrelazados con la trayectoria refleja del Emperador Francisco José (1830-1916) en sus largos años de reinado. El título de la novela alude, por supuesto, a la famosa marcha de Strauss, himno oficioso del "ancien régime", aquí un recuerdo sentimental que acompaña al joven protagonista, Carl Joseph, un soldado con éxito pero inepto, sin abandonarle en ninguna de las etapas de una vida que, como los últimos años del imperio de los Habsburgo, se desarrolla bajo el signo de la caída, la decadencia y la muerte.
 
Edición inglesa de "La Marcha Radetzky"

La "Radetzkymarsch" fue la demostración definitiva a favor de la clasificación de Roth como escritor "austriaco", pero en los últimos años hemos visto abrirse paso una imagen más completa de su obra a medida que iban descubriendo el calado de su producción los lectores de los textos originales en alemán y del creciente número de traducciones a otros idiomas. Aunque debe su fama ante todo a sus novelas – otras obras relevantes son aquí "Hotel Savoy" (1924), "Flucht ohne Ende" ("Fuga sin fin", 1927) y "Hiob" ("Job", 1930) –, escribió también unos cuantos miles de artículos para diversas publicaciones de prensa. Y justamente en la tarea periodística, una forma de escritura notoriamente efímera y subestimada, fue donde Roth aprendió su oficio de escritor. Los lectores de Joseph Roth raramente pasan por alto la calidad de su prosa, caracterizada por cierto toque de ligereza y falsa simplicidad, algo en patente contraste con la pesantez y densidad gramatical de la prosa que para muchos, alemanes incluidos, son un rasgo típico de la literatura alemana. En su estilo se refleja su consumado dominio del artículo periodístico general, esa breve forma ensayística que se afiló hasta convertirse en un arte en manos de escritores alemanes y austriacos como Karl Kraus, Peter Altenberg y Alfred Polgar. El artículo periodístico no consiste tanto en contar "noticias", sino que es una forma de observación personal que, en la mayoría de los casos, gira alrededor de detalles o anécdotas tomados de la vida cotidiana. «Las pequeñas cosas de la vida son lo único importante», observaba Roth en un artículo temprano, que junto con algunos otros puede leerse ahora en traducción inglesa ("Ein Spaziergang" / "De paseo", en "What I Saw", página 24). Es característica del modo de escribir de Roth la capacidad de atraer la atención sobre detalles inesperados, de extraer lo general de lo particular y hacer que lo familiar parezca extraño. En ese mismo escrito, al describir un paseo en 1921 por las animadas calles del oeste de Berlín, presenta un vívido montaje de la vida callejera que se convierte casi en filosófico por el modo en que canta el momento fugaz:
Lo que veo es la jornada en todo su absurdo y trivialidad. Un caballo enganchado a un coche, con la vista fija al frente y la cabeza gacha metida en su bolsa de forraje, ignorante de que los caballos vinieron al mundo sin coches; un niño pequeño que juega a las canicas en la acera: observa el resuelto bullir de los adultos que andan por todas partes, y – disfrutando él mismo en su interior todas las delicias de la desocupación– ni se imagina que en ese momento él es la cumbre de la creación, sino que anhela hacerse adulto. ("What I Saw" ["Lo que he visto"], página 23).
Un estilo muy parecido es el que empleará en sus obras de ficción. Así ocurre, por ejemplo, en su novela de 1927 sobre la vida en la posguerra, "Fuga sin fin"; si en su época se la consideró como una obra de literatura supuestamente "objetiva" o "documental", ello se debió en parte a la distancia y la frialdad afectiva – podríamos decir incluso: la alienación – con que miran el mundo tanto el narrador como el protagonista. Hay algo de falso en la declaración de Roth en sus breves "Palabras preliminares": «No me he inventado nada, no he retocado nada» (página 5). Lo que quiere decir, antes bien, es que su afán fue dar al argumento de su invención una ambientación en ese mundo real que él había conocido en su trabajo literario y periodístico. La relación entre sus labores periodísticas y el punto de vista que aplica para las descripciones de su novela resulta evidente, por ejemplo, en el siguiente pasaje de "Fuga sin fin", en el que describe un viaje en tren con un estilo que recuerda el montaje cinematográfico:
Tenía que hacer un trasbordo a otro tren en su viaje. No se paró en ningún lugar. De Alemania no vio más que las estaciones, los letreros indicadores, los carteles, las iglesias, los hoteles junto a la vía, las calles grises y silenciosas de los suburbios y los trenes metropolitanos, que parecían animales cansados saliendo de sus cuadras. (Página 67).
Roth es un autor que desafía cualquier cómodo "etiquetado". Una y otra vez, su vida, actitudes y obra parecen resumirse en diversos tipos tipos de ambivalencia y en ambigüedad. Si, por un lado, el concepto de "fuga sin fin" refleja la condición apátrida de la Diáspora judía, por otro lado también podemos leer la novela simplemente como otro documento más de la generación "perdida" – así se la ha llamado – de los jóvenes incapaces de integrarse en la vida tras la guerra. Y por más que sea plausible defender que la identidad judía de Roth es una clave para entender su obra, muchos lectores seguirán considerándolo ante todo un escritor austriaco, a pesar incluso de que no residiera más que un tiempo relativamente breve en el estado austriaco de la postguerra.
 
Edición inglesa de "Los judíos errantes"

La identidad ambivalente propia de Roth y los temas característicos que trata tienen su origen en su educación. Roth nació en 1894 de padres judíos en el pueblo de Brody, en la Galizia, que en aquella época era el extremo oriental del Impero Austro-Húngaro, cerca de la frontera con Rusia. Las peculiaridades religiosas, étnicas, culturales y lingüísticas de su ciudad natal dejaron una impresión duradera en el joven Roth. Creció en una comunidad dominada por judíos jasídicos que hablaban en yiddish, y cuyos rituales, vestidos y devoción religiosa le fascinaban. Ese es el mundo que luego habría de evocar de modo tan memorable en su reportaje de 1926 "Juden auf Wanderschaft" ("Los judíos errantes"), en "Job", en pasajes de la "Radetzkymarsch" y en relatos breves tardíos como "Der Leviathan" ("El Leviatán", primera edición en 1941). Pero sin duda se habituó igualmente a tratar con los funcionarios y soldados de habla alemana, además de con los numerosos granjeros eslavos y los comerciantes que hablaban polaco, ruso o ucraniano. Brody, que era en efecto un lugar de transición entre borrosas fronteras y límites, pasó a formar parte de Polonia en 1919 y de la URSS tras 1945, y hoy se encuentra en Ucrania. Esa diversidad que tanto amó Joseph Roth está hoy borrada del mapa, aunque en realidad empezó a desaparecer ya al concluir la I Guerra Mundial. Pese a que Roth, de adulto, no volvió a la Galizia más que contadas veces, sus experiencias de formación vital se habían desarrollado en un contexto en el que desempeñaban un papel de peso el multiculturalismo y la tolerancia de la diferencia. Más adelante, el escritor iba a tender, quizás, a exagerar el grado de esta tolerancia, y presentaría la zona y la época casi como una especie de utopía perdida; pero lo que sí es completamente real es que Joseph Roth dedicó su vida a sus sucesivos esfuerzos por recuperar algo del entorno de su juventud, cosa que creyó identificar en distintos sitios: en los principios socialistas, en la identidad judía, en la herencia cultural de Francia o en el catolicismo.
 
 
Edición inglesa de
"La leyenda del Santo Bebedor"
Biografía de Joseph Roth por Wilhelm von Sternburg, que publicará en marzo de este año Kiepenheuer & Witsch


 
Roth murió y fue sepultado en París, en mayo de 1939. El septuagésimo aniversario de su muerte verá establecerse una Sociedad Internacional Joseph Roth, obligación largo tiempo pendiente, así como una serie de eventos conmemorativos, entre ellos una exposición y dos congresos académicos. Por lo que parece, la recepción internacional de la literatura de Roth, tras el especial impulso recibido en los últimos años gracias a las finas traducciones inglesas de Michael Hofmann publicadas por Granta, va a continuar progresando a buen ritmo. Y es seguro que sería igualmente muy bienvenida la traducción al inglés de la magistral biografía de David Bronsen, aparecida en alemán en 1974 y compendiada en 1993. Joseph Roth, pues, parece tener un lugar asegurado dentro del grupo, relativamente pequeño, de escritores en alemán que disfrutan de un sólido renombre internacional.
 
Citas extraídas de:
Joseph Roth, "What I Saw: Reports from Berlin 1920-33", trad. Michael Hofmann (Granta, 2004);
Joseph Roth, "Flight Without End", trad. David Le Vay (Peter Owen, 2000)
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Jon Hughes
es Profesor Titular de Alemán en la Royal Holloway University, Londres
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