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El Premio Suizo del Libro

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Alexandra Kedves repasa el primer año del Premio Suizo del Libro. El galardón se entregó en la Feria del Libro de Basilea al escritor zuriqués Rolf Lappert

«Es verdad que no quería quedarme sin el premio, pero tampoco quería ganarlo.» Tal fue la respuesta de Adolf Muschg cuando le preguntaron por qué en noviembre del año pasado, poco después de participar en una lectura pública de su nueva novela "Kinderhochzeit", retiró oficialmente su nombre de la lista de finalistas del Premio Suizo del Libro. Muchos recordarán cómo Reich-Ranicki, sumo sacerdote de la literatura en lengua alemana, declinaba hace poco un premio televisivo en un acto televisado, con lo cual desplazaba el foco de la atención directamente a la verdadera fuente de sus quejas. ¿Es posible que Muschg estuviera intentando simplemente remedar la actuación de Reich-Ranicki? Pues bien: sí y no. Adolf Muschg desaprueba del mismo modo el circo mediático de los galardones culturales y las entregas de premios. Es crítico con la inflación de premios, y a su modo de ver el proceso de selección, con su listas de nominados y finalistas, se ha convertido en una herramienta de marketing, más apropiada para concursos del tipo Gran Hermano o una salida a bolsa. «Mi libro no lo escribí para que tuviera una recepción de ese tipo, y tampoco tiene la menor necesidad de ella», comentó a continuación.
 
"Wir fliegen" de Peter Stamm
Las objeciones de esta clase muestran no solamente los recelos de los escritores respecto a la edición comercial de libros, sino también un temor arraigado en Suiza frente al elitismo cultural (y sus consecuencias). Y Muschg no es el único en expresarlo en voz alta. Incluso el premiado mismo – Rolf Lappert, nacido en Zúrich en 1958, y que el 15 de noviembre recibió una bolsa de premio por importe total de 50.000 francos suizos – subrayó durante su discurso de agradecimiento ante el abarrotado salón de actos de la Feria que «esta no es el tipo de victoria que admite dictamen como la de un maratón. Le deja a uno con sentimientos encontrados.» A continuación invitó a los demás finalistas a acompañarle en el escenario, lo mismo que en octubre había hecho Uwe Tellkamp, ganador del Premio Alemán del Libro de 2008. Entre ellos, por supuesto, no se encontraba ya Muschg. En sus propias palabras: «Tardé mucho en aclararme en cuanto a la decisión de declinar mi nominación, no quería disgustar a nadie. Ahora comprendo que esperar hasta el sábado fue en error. Podía haber evitado considerables problemas, para mí mismo y para otras personas, si hubiera manifestado mis dudas inmediatamente después de las nominaciones de los finalistas, y pido disculpas por ello.»
 
Dejemos de lado por un momento la sucesión de los acontecimientos, más bien desafortunada, pues de hecho impidió que entrara otro título en liza en sustitución de "Kinderhochzeit", y preguntémonos entonces si Muschg quizá ha puesto aquí el dedo en la llaga. ¿De verdad tiene algo que ganar la literatura con la creación de otro premio más, en estos días en que sufre ya un diluvio de nuevos galardones, más las respectivas carreras ascendentes o descendentes de los galardonados? El «hermano pequeño del Premio Alemán del Libro», como lo ha llamado Marianne Sax, Presidenta de la Asociación Suiza de Libreros y Editores (SBVV), ha sido recibido con sentimientos ambivalentes entre algunos editores.
 
En cualquier caso, es innegable que existe este "enfoque de pulgar arriba / pulgar abajo" por el que los libros reciben o bien aclamaciones o bien un rápido olvido. El glamour del premio recaba verdaderamente la atención nada más que para el título ganador y los otros finalistas. Encontrar público para un libro desconocido es algo que ya no es posible. «Los premios culturales son siempre más bien injustos», afirma Sax. «Pero, por el otro lado, eso es justamente lo que le da ese algo extra.»
 
Y, sin embargo, ¿existe material suficiente entre el que elegir? Otra cuestión que están planteando personas bien informadas que ven el premio desde fuera es la de si un panorama literario relativamente reducido como el de la Suiza germanoparlante puede producir cada año una obra merecedora de galardón. La postura oficial de los miembros del Jurado fue esta: «2008 ha sido un año excelente. Tres de los cinco candidatos eran absolutamente excepcionales.» Así lo confirmaron las lecturas de las obras finalistas realizadas durante la ceremonia del premio, en la que se escucharon fragmentos del volumen de Anna Jardine "Als der Mond vom Himmel fiel" ("Cuando la luna cayó del cielo"), la novela de Lukas Bärfuss "Hundert Tage" ("Cien días"), "Wir fliegen" ("Estamos volando") de Peter Stamm y, por supuesto, de la novela ganadora de Rolf Lappert, "Nach Hause schwimmen" ("Nadar a casa"). Pero nadie se atrevería a soñar con que vaya a suceder siempre así. Conforme a las bases del Premio, no hacen falta más que tres finalistas en caso necesario.
 
 
"Als der Mond vom Himmel fiel"
de Anja Jardine
"Hundert Tage"
de Lukas Bärfuss
 
El editor zuriqués Egon Ammann, padre espiritual del Premio, rechaza objeciones semejantes. «Este Premio, una iniciativa pendiente durante largo tiempo, es un impulso motivador: una motivación para todos los autores, y un punto de venta para el sector del libro, que de este modo puede ofrecer a la atención pública general más títulos exigentes de los que podría ofrecer en otro caso. Es un método práctico de animar a la gente a leer dirigiéndoles hacia títulos de esta clase.» En todo caso, no es ningún secreto que Ammann había intentado que hubiera más candidatos y un proceso de selección aun más riguroso, lo que traería consigo también aun más glamour. Si por él hubiera sido, habrían entrado en consideración todas las obras en lengua alemana publicadas en el año, como sucede en el Premio Alemán del Libro. A ello se opuso la Asociación Suiza de Editores y Libreros – que financia el Premio junto con la Asociación del Festival Literario de Basilea y otros patrocinadores –, aduciendo las dificultades que tal procedimiento crearía al Jurado. Asimismo, en opinión de Sax, los autores suizos suelen quedar postergados en los tramos clasificatorios para los premios importantes de literatura en alemán. En todo caso, este es un premio muy diferente a las medidas de apoyo usuales en Suiza, que sulen serle concedidas a los escritores antes de haber empezado a escribir el libro. Los jurados tuvieron que elegir de entre ochenta y cuatro obras en total, enviadas por cincuenta editoriales. Las cuatro mejores reciben 2.500 francos suizos cada una, pudiendo otorgarse nada más que un premio principal. Notoriamente más larga sería la lista de propuestas por regiones, discutida localmente en los diversos cantones, así como la lista de títulos aún no terminados. El principio de dar a los premios una distribución amplia e indiscriminada – lo cual tiene también sus beneficios – suele entrar en conflicto con el criterio de asegurar la calidad. Tales motivos hacen preferible en gran medida tener un premio nacional de primera categoría y con una buena dotación económica para el ganador.
 
 
Portada de la edición en alemán de
la novela ganadora, "Nach hause Schwimmen" ("Nadar a casa"), finalista también del Premio Alemán del Libro de 2008.
El único equivalente del Premio Suizo del Libro es el Premio Schiller, dotado con una bolsa de premios de 30.000 francos suizos y patrocinado por la Fundación Schiller. Pero se concede nada más que entre cada cuatro y seis años, además de que su pretensión esencial es reconocer la labor literaria de toda una vida. Tienen derecho a presentarse las cuatro regiones lingüísticas del país, que en la práctica se turnan para ello. Hay autores de las zonas suizas de habla francesa o italiana con mucho interés por entrar en consideración para el Premio Suizo del Libro; es algo comprensible, pero bastante inviable en sus actuales dimensiones. Para eso haría falta contar con fuentes independientes de financiación y con jurados distintos. La SBVV confirmó que «se había invitado a participar a la zona francófona de la Suiza Oriental y al cantón de Tesino, de habla italiana.» El Premio Suizo del Libro en lengua alemana (al que, dicho sea de paso, pueden optar igualmente extranjeros que hayan residido más de dos años en el país) tiene financiación asegurada para los próximos tres años, de modo que lo único que necesita ahora es que florezca la producción, algo que corre a cuenta de los escritores mismos. ¡Un animoso y extemporáneo llamamiento a empuñar las armas creativas!
 
Es un dato positivo que se haya instaurado el premio y que sus principios rectores estén basados en el principio del logro real, y ello aunque "logro real" no sea una característica medible en el contexto artístico. «Sobre si el Premio Suizo del Libro va a originar mucha repercusión en los medios de comunicación alemanes, tenemos que esperar a ver qué ocurre», declara Lappert. «Pero un escritor no escribe por los premios, sino por la literatura, y tampoco por la "literatura suiza". No existe una "literatura suiza". El único objetivo es escribir un libro mejor la próxima vez.»
 
Un objetivo nada fácil. Lo que cuenta es que Lappert, que tiene actualmente su residencia en Irlanda, vuelve "nadando a casa" con un premio bajo el brazo, un premio sobradamente merecido.
 
 
Traducción de Jamie Searle.
 
Artículo publicado en alemán en el Tagesanzeiger del 17 de noviembre de 2008.
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Alexandra Kedves
es periodista del Tagesanzeiger, de Zúrich, uno de los principales periódicos suizos.
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