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Las Casas de la Literatura en Alemania

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Por Rainer Moritz

Entre los autores en lengua alemana, es algo de lo más corriente recibir una invitación para que lean fragmentos de su nueva obra ante un público interesado por espacio de hasta una hora. Es una tradición que a ellos puede parecerles tan vieja y sólida como el mundo, pero deja sumidos en perplejidad a los escritores procedentes de la cultura francesa o anglo-americana: las "clásicas" lecturas de este tipo son más bien una rareza allí, donde lo usual tiende a ser las firmas o los debates sobre la nueva obra.
 
Las lecturas públicas se llevan a cabo en Alemania en una amplia variedad de escenarios, desde librerías y teatros a academias, centros escolares o clubs. Desde mediados de la década de 1980, en cualquier caso, hay un tipo de local que se ha convertido en el foro ideal por excelencia para happenings literarios: la Literaturhaus ("Casa de la Literatura"). Primero fue la de Berlín 1987, un patrón seguido después por una serie de otras ciudades grandes o medianas. Aunque el término –para nuestro escándalo– no ha sido recogido en el diccionario de alemán Duden* hasta tiempos muy recientes, se había consolidado ya hasta convertirse, en cierto sentido, en una marca. Incluso ha dado lugar a que en la capital danesa, Copenhague, se creara una Literaturhaus que mantiene en su nombre la palabra alemana: evidencia, pues, de que el término posee connotaciones de un significado específico.
 
En 1982, ocho de las Casas de la Literatura más importantes –las de Berlín, Múnich, Fráncfort, Colonia, Stuttgart, Leipzig, Hamburgo y, en Austria, Salzburgo– se agruparon (www.literaturhaeuser.net) con el fin de atraer mayor atención sobre la relevancia y grado de influencia de la institución. Han unido así sus fuerzas para realizar giras de lectura y otras iniciativas literarias, tales como la campaña gráfica "Poetry in the City", del mismo modo que la red que forman se ha convertido también en asociado de la emisora televisiva germano-francesa ARTE. Tres casas más –las de Zúrich, Graz y Rostock– parecen dispuestas a seguir el ejemplo. Pero, a pesar de esta estrecha colaboración, cada una de las casas de la literatura es independiente, y mantiene su carácter individual en cuanto a programación y prioridades. De cualquier modo, sí comparten dos intenciones comunes. En primer lugar, las casas de la literatura aspiran a ser el corazón literario de la ciudad, así como a proyectarse más allá mediante sus eventos, tanto en el plano nacional como internacional. En segundo lugar, todas las casas consideran que en sus finalidades va incluido el mantener una cierta distancia respecto a las leyes económicas del mercado, por lo cual deben facilitar el camino a la literatura que sitúe la calidad por encima de lo comercial, a la que se aparta de la corriente. En otras palabras, las casas de la literatura aspiran también a conseguir atención para lo que normalmente sería pasado por alto o desatendido de alguna otra manera; aspiran a presentar a su público autores y obras que exploren nuevos terrenos usando formas experimentales o de vanguardia que probablemente resulten menos accesibles en principio. Al mismo tiempo, la mayoría de las casas pretende expandirse más allá del terreno de las nuevas publicaciones y dar cabida a veladas dedicadas a la "historia literaria" que rescaten a escritores en peligro de caer en el olvido.
 
La primera directora de la Casa de la Literatura de Hamburgo, Christine Weiss (después Ministra Federal de Cultura), propuso una definición conscientemente amplia: «La Casa de la Literatura es un foro donde podrá encontrarse la literatura en todas sus formas, tal como es en el presente y tal como se manifestó en el pasado.» La palabra "encuentro" resulta aquí especialmente pertinente. Pues cualquier Casa de la Literatura tiene una función que cumplir como lugar de encuentros, de intercambio literario y de discusión cultural y estética. Por lo cual no basta con fichar a autores conocidos para que vengan a leer, sino que han de convertirse en centros genuinos de la vida literaria. Y tal es en cierta medida la razón de que las casas más grandes alberguen en sus locales un restaurante o una librería: son ese tipo de establecimientos asociados que animan a la gente a quedarse un rato, creando una atmósfera de conversación amistosa tras las lecturas.
 
Qué constituye la buena literatura y la mala, eso es algo que, por suerte, no puede ser calculado matemáticamente ni "demostrado". Eso es lo que hace tan atractiva la labor de las casas de la literatura y ayuda en algo a explicar el abigarrado abanico de ofertas literarias frente a cualquier tendencia general dominante. En lo que hace a la calidad de las novelas y la poesía, la diferencia de opiniones puede ser amplia e inteligente. No es asunto de los directores de las casas dictaminar sobre cuestiones de juicio estético. Lo que hacen, en cualquier caso, es centrar la atención sobre ciertos puntos, invitando a su público a considerar qué funciona bien o menos bien en literatura.
 
La literatura necesita sangre joven, motivo por el que numerosas casas de la literatura han hecho suya la tarea de ofrecer un rico programa de eventos para niños y adolescentes. Cualquier persona que sepa leer debe considerar la Casa de la Literatura como su campo natural de entrenamiento, un sitio donde lidiar con la cuestión de qué es lo que da a la literatura esa naturaleza única. Además de actividades vespertinas en torno al libro destinadas a lectores desde los seis años de edad en adelante, hay casas que ofrecen un abanico cada vez más amplio de talleres de escritura y seminarios de escritura creativa para escritores en ciernes, donde, bajo la tutela de profesionales, podrán ir explorando paso a paso los entresijos de la escritura.
 
Viendo el asunto a esta luz, las casas de la literatura hacen mucho más aparte de exhibir lo que acabe de salir de las imprentas, por importante que, sin duda, pueda ser esta tarea. Los escritores que se presentan en las casas representan la vida literaria contemporánea y, por tanto, la diversidad cultural de Alemania. Nada más natural, así pues, que se aprovechen regularmente de las principales polémicas culturales de la actualidad e inviten a sus debates a ponentes capaces de exponer con elocuencia sus puntos de vista. Y, allí donde lo permiten las condiciones espaciales –en Múnich, por ejemplo, o en Berlín o Fráncfort–, las casas de la literatura presentan también exposiciones de homenaje a escritores concretos o sobre tema literario.
 
Una programación literaria de semejante amplitud requiere dinero. Y, por ello, es inevitable que los aspectos financieros sean un elemento vital en el trabajo de las casas de la literatura. Aunque la mayoría recibe ayuda estatal –la Casa de Hamburgo, por ejemplo, cubre en torno a un quinto de su presupuesto anual con subvenciones del Departamento de Cultura de la Ciudad–, requiere un esfuerzo considerable el adaptarse al aumento de los costes en honorarios, viajes y alojamiento, así como en mantenimiento de los edificios. Algunas, por ejemplo la de Múnich, están constituidas como fundaciones, mientras que otras tienen como sostén principal una asociación y sus miembros. No es infrecuente que cuenten aparte con seguidores y patrocinadores privados, particulares que han sabido ver que la literatura no es simplemente una capa de chocolate para el pastel de cada día, sino que aporta una "nutrición" básica que actúa sobre la buena o mala salud de la cultura nacional. Y, en ocasiones, también las casas de la literatura están por su parte en condiciones de patrocinar económicamente la literatura. Anualmente, las instituciones agrupadas en www.literaturhaeuser.net otorgan el Premio Literario de las Casas de la Literatura, dotado con 8.000 €, que reconoce una obra particular, pero también la actuación del autor, sus "destrezas para la lectura pública". Entre anteriores ganadores del premio se cuentan Ulrike Draesner, Peter Kurzeck, Sybille Lewitscharoff, Michael Lentz y Anselm Glück. Pues en las casas de la literatura los vates tienen que salir de sus cubículos, dejando atrás el puerto seguro de sus portátiles. Aquí vienen para entrar en contacto con sus lectores, y aquí sucede que las novelas y los relatos adquieren de repente una vida que no puede obtenerse por la mera lectura privada. Cuanto más abiertas logren ser las casas, menos elitista será su programación y más oportunidades tendrá de convencer a la gente de la necesidad de la literatura. ¡Y eso es lo que da a las casas de la literatura su derecho a existir!
 
* equivalente al Diccionario de la RAE
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Rainer Moritz
dirige la Casa de la Literatura de Hamburgo. También forma parte del jurado para el Premio Alemán del Libro de este año.
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