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Especial: «Fronteras»

Saša Stanišić: Una vida cruzando fronteras

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By Katy Derbyshire

Author Saša Stanišić Foto: Katja Sämann
Se supone que voy a escribir un artículo sobre Saša Stanišić, sobre cómo se hizo famoso, sobre su obra y lo que me entusiasma de ella. Pero no olvidemos lo primero: este es un artículo para un número sobre el tema «fronteras». Aunque Saša Stanišić, de hecho, ha cruzado alguna que otra frontera en su vida.

En el certamen literario Ingeborg Bachmann celebrado en Austria este verano, Maja Haderlap, ganadora de la edición anterior, habló de los escritores con más de un idioma y los debates en torno a ellos. Su conclusión fue:

Lo que importa al final –escribe Michael Hamburger, un escritor de lengua nativa alemana que escribió en inglés– no es cómo se nos clasifique o etiquete, y menos aun cómo nos clasifiquemos o etiquetemos nosotros mismos, sino cómo nos enfrentamos a nuestras identidades. En materia de literatura, Hamburger estaba siempre en contra de clasificar a los escritores por factores biográficos externos en vez de por criterios derivados de la naturaleza de su obra. No puedo más que darle la razón: de este modo, en los escritores en idiomas no nativos dejaríamos de centrarnos por fin en las biografías para pasar a la obra literaria, y ello porque lo que importa es, precisamente, la palabra escrita.

Así pues, permítanme que me quite de encima esa clasificación aparentemente fundamental, y entonces prosigamos. Saša Stanišić: nacido en Visegrad (Bosnia) en 1978, llegó a Alemania en 1992, en un momento en que estaban trazándose nuevas fronteras por medios violentos. Su primera novela, publicada en 2006, tuvo un éxito mundial: "Cómo el soldado repara el gramófono" (traducida al inglés por Anthea Bell), ambientada en la guerra civil de Bosnia y traducida a veintisiete idiomas. Sumido en alabanzas de las jerarquías literarias por ese libro lleno de encanto y de horror, Stanišić marchó entonces a Graz, en Austria, invitado como escritor residente.

En los ocho años que siguieron al "Soldado" hice de todo. Pasé tres años viajando mucho. Me dije: Saša, ahora tienes que pensar más en ti mismo, sal por ahí y vete a ver mundo. Estaba de viaje casi todo el tiempo, fuera en viajes relacionados con el libro o no.

Con estos viajes cruzó aun más fronteras, desde Brasil a la India, en unos años que dedicó a ver arquitectura, a hablar con la gente, a aprender sobre otros lugares. Pasó estancias prolongadas en Nueva York, Iowa (IWP), Boston (MIT) y Langenthal (en Suiza). Estando en Iowa, se sentó a pensar sobre eso que se llama «literatura inmigrante», para un trabajo que había de publicarse, muy apropiadamente, en "Words Without Borders":

Siempre me apetece leer el segundo o el tercer libro de un escritor inmigrante, el que viene después de que haya contado la historia de su exilio. Me parece más provocativo contemplar cómo ve su nuevo entorno alguien proveniente de otra esfera cultural, pero ahora ya sin centrarse en lo 'nuevo'. Siempre merece la pena el esfuerzo de contar una historia cotidiana narrada por un dependiente alemán o una historia de amor sin el toque exótico de los amantes interculturales, o contar cosas de alguna guerra que no esté sucediendo en el país del que ha escapado el escritor.

Y esa es, según parece, la idea que llevó a la práctica en su segundo libro, "Vor dem Fest". Ambientada en un pueblo imaginario de Brandeburgo, la novela está formada por varias historias basadas en investigaciones sobre el pasado histórico y el presente en las que resalta con toda claridad el talento de Stanišić. La obra trajo consigo tantos elogios como críticas, e incluso un colega llegó a afirmar que el autor había elegido el asunto del libro en un esfuerzo por encajar en el país. Si es que Stanišić tenía algún propósito, creo yo, era justamente el contrario: estaba incumpliendo la expectativa de que los escritores no nacidos en territorios germanoparlantes solo pueden, y deben, escribir sobre la experiencia del inmigrante, género que ya nos es tan familiar tanto en inglés como en alemán. El autor estaba cruzando ahora una frontera mental, aunque hablar así quizá sea llevar la cuestión demasiado lejos.

Por suerte, "Vor dem Fest" no es el tipo de novela que uno lee para apaciguar su conciencia multicultural. Justamente aclamado como el gran libro de esta temporada de primavera mediante el Premio de la Feria del Libro de Leipzig, la novela es todo un placer y una fiesta llena de rituales y personajes peregrinos. Como en todos sus escritos, Stanišić se regodea también aquí en las extravagancias del lenguaje, con una extraña narración en primera persona del plural, con dos caracteres que van hablando al alimón mientras falsifican testimonios históricos. Y quizá sea esa una de las cosas que más me entusiasma de su obra: el enorme disfrute que parece extraer de las palabras y la escritura. Mientras trabajo en estas páginas, estoy intercambiando correos electrónicos con Saša para contrastar datos. Ahora está en un tren de camino a una de esas lecturas públicas tan divertidas que da, esta vez en Saarbrücken –en otra frontera–, y me cuenta que acaba de pasar por una localidad llamada Bierbach, lo cual significa literalmente «río de cerveza». Le gustaría hacer una broma sobre la cerveza, me escribe, pero no se le ocurre ninguna; simplemente, le llena de gozo saber que existe un nombre así.

«Un lenguaje es el único país que no tiene fronteras», escribió en su trabajo de 2008 para WWB. «Qué ingenuo era yo», dice ahora. Pero, por mi parte, una proclama como esta es justo lo que me hace disfrutar, y además creo que en sus últimas obras queda todavía bastante de aquel joven entusiasta. Acompañémoslo a ese país sin fronteras, una utopía hecha de palabras.
 

 
Katy Derbyshire Foto: Anja Pietsch
Katy Derbyshire es londinense y vive en Berlín. Ha traducido a numerosos escritores contemporáneos en lengua alemana, entre ellos Clemens Meyer, Inka Parei, Simon Urban y Dorothee Elmiger. También escribe un blog en Love German Books.
 
"Vor dem Fest" de Saša Stanišić aparecerá publicado en traducción inglesa en Pushkin Press.
 

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