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Especial: «Fronteras»

Las fronteras y sus revelaciones

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Por Steph Morris

Las fronteras nos rodean y nos protegen, y también dividen y excluyen. Asimismo, pueden dar un marco a una identidad o pueden partirla. Los escritores que hayan cruzado fronteras o se hayan visto en problemas con ellas tendrán siempre historias que contar. Los hay que eligen libremente viajar, y otros que se ven obligados a ello por razones políticas y económicas y viven historias traumáticas, pero que reclaman ser contadas. Hablar más de un idioma es un pasaporte que permite a su titular cruzar fronteras lingüísticas y recolectar así aun más historias; no saber idiomas hace que nos enfrentemos a delimitaciones de otro tipo.


La escritora Ilma Rakusa, residente en Zúrich, nació en Eslovaquia de madre y padre húngara y eslovaco. Se crió entre Budapest, Liublana y Trieste, hasta que su familia finalmente se estableció en Zúrich. Estudió en la universidad de la ciudad, además de en las de París y San Petersburgo. Su premiada obra "Mehr Meer" (NBG 27, Primavera 2010) rememora una niñez de brevedades y distanciamiento. La otra cara de una vida así es el cosmopolitismo; Rakusa, en efecto, ama cruzar fronteras y, en su labor de lectora y traductora de varias lenguas, ha ayudado a que hayan viajado multitud de historias, en particular atravesando fronteras de la Europa sudoriental. Su último libro, "Einsamkeit mit rollendem 'r'" ("Soledad con 'r' vibrante"), es una colección de escenas ambientadas siempre en varias partes del mundo; los protagonistas tienen siempre tras de sí conexiones e historias en lugares situados lejos de donde se encuentran en este momento, sea en Rusia o en Nueva York, en Berlín, Bosnia, Japón o la estepa húngara, en incluso en la pequeña isla británica. Con un preciso lenguaje poético, Rakusa describe lugares y personas, identidades desarraigadas y distancias.
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Las fronteras suelen usarse también para administrar, definir y encasillar a la gente. Así, el primer libro de Olga Grjasnowa, "A los rusos les gustan los abedules", lleva por título una observación irónica sobre la costumbre de generalizar, tras de la cual la autora se dedicará a detectar y destruir ideas preconcebidas. En esta y en su segunda novela, sus personajes tienen lo que ella denomina «vidas postnacionales», llegando incluso a no poder encajar en las categorías tajantes homosexual-heterosexual. La autora escribe sobre su propia historia y viajes de emigrante, desde Azerbaiyán a Berlín vía Israel, Polonia, Rusia y el provinciano Hesse, expresándose sin pelos en la lengua acerca del dilema asimilación o multiculturalismo, pues, afirma, «existe un discurso en torno a la integración que da por sentado que hay alguien mejor que los demás y que puede enseñar a los 'bárbaros' como deben vivir».
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Otra voz en este debate es la del escritor alemán Feridun Zaimoglu, nacido en Bolu (Turquía), pero que con un año de edad se trasladó con sus padres a Kiel (entonces en la Alemania occidental), donde sigue viviendo hoy. Turquía suministraba a la RFA de la posguerra el extra de mano de obra que necesitaba, y aún sigue siendo la mayor fuente de inmigrantes en Alemania, lo cual a su vez nos da a nosotros nuevos libros, en alemán, en los que se cuentan historias de las que de otro modo quizá no habríamos llegado a saber. Según el propio punto de vista, unos dicen que los inmigrantes enriquecen el idioma del país de acogida y otros que lo ensucian. "Kanaksprak", el primer libro publicado de Zaimoglu, adoptaba con entusiasmo el alemán hablado por los inmigrantes turcos de segunda generación –un idioma rebosante de patadas al diccionario y de expresiones prestadas del inglés y el turco–, considerándolo una manera viva y válida de manejar las palabras. El título de la obra se reapropia una expresión alemana despectiva y racista aplicada a inmigrantes turcos y árabes. Zaimoglu, no hay duda, ama el lenguaje por sí mismo, en todas sus formas; buen conocedor de toda la literatura, desde los clásicos a los contemporáneos, recibe alabanzas en la prensa seria de Alemania por su magistral uso del idioma alemán. Ve en el Islam una fuente personal de fortaleza, y defiende su propio derecho a estar donde está y ser alemán, aunque recientemente cruzó otra frontera –o al menos cierta línea– cuando, sintiendo que ya no lo necesitaba, eliminó el signo diacrítico de su apellido turco, con lo que Zaimoğlu se convirtió en Zaimoglu. En sus historias a veces aparece gente con antecedentes turcos que vive en Alemania, y otras veces no. "Leyla" sigue siendo su libro más popular; fue traducido al inglés por Anthea Bell (NBG 19, Primavera 2006). El último, "Isabel", es el relato de un alma perdida en Berlín.

La frontera que atravesó Berlín durante décadas ha inspirado también incontables libros y películas. En 1960, cuando el telón de acero partía ya Europa herméticamente, Brigitte Reimann escribía en su diario: «Lutz se ha marchado a Occidente. Ahora está solamente a dos o tres kilómetros, y sin embargo es inalcanzable, allí en el campo de tránsito para refugiados en Marienfelde. Es la primera vez que he sentido, con dolor y no solo racionalmente, la tragedia de nuestras dos Alemanias. Familias separadas, hermanos y hermanas en lados opuestos... ¡qué material para la literatura! ¿Por qué nadie le habrá dado forma, por qué nadie está escribiendo sobre ello un libro como es debido?» Sí lo escribieron tanto Brigitte Reimann como Christa Wolf, pero hubo que esperar a que se cayese el Muro para que la literatura alemana aceptara de verdad el desafío. Hay motivos para considerar que Julia Franck es quizá quien mejor ha sabido hacer lo que propugnaba Reimann y describir el coste emocional de la división política. En inglés (editadas en Harvill Secker) están disponibles sus obras "Back to Back" ("Espalda contra espalda") y "The Blind Side of the Heart" ("La mujer del mediodía"). Un libro anterior, "Lagerfeuer" ("Fuego de campamento"), está ambientado en el campo de refugiados de Marienfelde, en Berlín Oeste, el mismo al que pasó Lutz, el hermano de Reimann, y donde en la década de 1970 estuvieron detenidas casi un año Franck, su madre y sus hermanas. La novela, narrada desde perspectivas múltiples que cuentan las historias muy diferentes de personas ingresadas en el campo, acaba de publicarse en inglés (en West, trad. Anthea Bell).

Quizá pueda ser oportuno reforzar las fronteras, pero los escritores no pueden permitirse atrincherarse en una zona de confort si es que quieren lograr una prosa creíble y dotada de vida. Si no cambian de territorio no podrán crear grandes historias. Por suerte, siguen abriéndose paso en terrenos nuevos y, así, sus historias no hacen más que mejorar.
 

 
Steph Morris Foto: Ebba D. Drolshagen
Steph Morris es escritor y traductor, y reside en Europa; este otoño, en concreto, como traductor residente en el Europäisches Übersetzerkollegium de Straelen.
 
 
 

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