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«New Girls on the Block»

Una perspectiva acerca de las escritoras actuales en Alemania

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Al mes de publicar Axolotl Roadkill, Helene Hegemann ya había sido acusada de plagio; habían pasado, pues, nada más que unas semanas tras haber sido proclamada solemnemente la nueva Fräuleinwunder (chica milagro) de la escena literaria contemporánea de Alemania. Mientras las acusaciones se confirmaban y terminaban llegando también las disculpas de la autora, Hegemann alegó que su estrategia estética era un mero reflejo de su cultura generacional, muy versada en los medios de comunicación y dada a utilizar «sampleos y mezclas» por influencia del pop, para después alegar también que «no existe lo que pudiera llamarse originalidad de algún modo, sino solo la autenticidad». La periodista Iris Radisch salió a defender a Hegemann contra las críticas dictaminadas por ciertos pesos pesados literarios destacando el lenguaje misógino que esos críticos, varones, empleaban para denigrar el logro literario de Hegemann, asombroso en todos los demás aspectos; Radisch concluía que esas críticas –y su tono– estaban impulsadas por la percepción, consciente o no, de que Hegemann suponía una amenaza indominable para el «establishment masculino». El argumento de Radisch de que el menosprecio de la obra de Hegemann estaba motivado por prejuicios de género es un argumento ya familiar. Incluso la alabanza recibida –Fräuleinwunder– obedecía y se limitaba de diversas maneras a consideraciones sobre la edad y el género de la autora, de modo muy parecido a como sucedió en 1999 cuando ese mismo diminutivo peyorativo se usó para aglutinar a autoras tan distintas como Judith Hermann, Julia Franck, Alexa Hennig von Lange, Karen Duve y Juli Zeh –entre otras–. Cualquier influencia literaria que pueda percibirse en novelas escritas por mujeres se tiende, también, a considerarla una prueba de que las mujeres carecen de destreza creativa literaria, como ocurrió en el caso del debut de Antonia Baum vollkommen leblos, bestenfalls tot (NBG Otoño 2011), una obra llena de virtuosismo que sufrió el año pasado el ataque del jurado del Premio Bachmann Prize por no ser nada más que una pobre imitación de Thomas Bernhard.
 
Sea como fuere, la recepción de obras recientes escritas por mujeres en Alemania se halla influida por algo más que los ancestrales prejuicios, extendidos por todo el sector, en relación al género de los autores. En 2008 asistimos a la publicación de tres textos que marcaron un punto de inflexión tanto en el pensamiento feminista como en la literatura alemana hecha por mujeres: Wir Alpha-Mädchen ("Nosotras las chicas alfa") de Meredith Haaf, Susanne Klingner y Barbara Streidl; Neue Deutsche Mädchen ("Nuevas chicas alemanas") de Jana Hensel y Elisabeth Raether; por último, el debut novelístico y superventas de Charlotte Roche, Feuchtgebiete ("Zonas húmedas"). Los dos primeros textos ejemplifican una tendencia reciente: obras teóricas con éxito comercial que cuestionan la importancia de la segunda oleada feminista para las jóvenes alemanas de hoy y que buscan una descripción más genuina de sus experiencias y deseos. Son páginas particularmente críticas con Alice Schwarzer, la escritora feminista que fundó la revista Emma, y más específicamente con su visión del sexo heterosexual como un instrumento para oprimir a la mujer. Por su parte, en Feuchtgebiete Charlotte Roche cuenta la historia de Helen, una joven disfuncional de dieciocho años cuya infancia problemática hace de telón de fondo en el que se enmarcan sus transgresoras aventuras sexuales, pintadas gráficamente, junto con descripciones íntimas de sus funciones corporales. El espectro de Schwarzer recorre tanto Feuchtgebiete como Schoßgebete ("Oraciones desde el regazo", 2011), la segunda novela de Roche, tan reveladora como la primera. En este caso, la protagonista principal es partidaria de acudir a burdeles regularmente y acompañada y de ver en común cine porno de cara a mantener unas relaciones maritales saludables. Los protagonistas, además, se complacen en imaginar el disgusto que sentiría Schwarzer en esos momentos en que practican actos sexuales transgresores o actos que implican subordinación sexual del personaje femenino. De hecho, las novelas de Roche forman parte de un reciente grupo de obras de ficción y autobiográficas que enfocan la subordinación sexual femenina desde una perspectiva revisionista: así, Katja Oskamp en Hellersdorfer Perle (NBG Primavera 2010), donde aboga por el potencial del sadomasoquismo para alcanzar la plena satisfacción erótica femenina, o Sonia Rossi en Fucking Berlin (2010), relato autobiográfico de una estudiante que se inicia en la prostitución que recuerda al blog y después libro de la doctora Brooke Magnanti Belle de Jour. La conexión entre estos textos, además de su énfasis en el erotismo, es su tormentosa relación con la segunda oleada feminista. Un aspecto que los vincula asimismo con obras menos comerciales y más experimentales como las de Hegemann y Baum, que describen la desazón psicológica de sus protagonistas femeninas en una sociedad en la que la segunda oleada feminista no ha conseguido suministrar alternativa a esa cultura establecida, dominada por lo masculino, que –muchas veces denodadamente– intentan rechazar. Mientras que Roche y Oskamp celebran el regreso a lo que podría considerarse unas relaciones sexuales prefeministas, escritoras como Hegemann y Baum dudan de que sea posible encontrarle un sentido a ese camino, de modo que para ellas el afán incesante de gratificación sexual puede compararse con los superficiales subidones obtenidos mediante las drogas, el comportamiento autolesivo o el consumismo, temas que tienen fuerte presencia en la obra de estas dos escritoras.
 
Todos los textos citados emplean una narración en primera persona de tono extremadamente íntimo; incluso los dos textos teóricos mencionados utilizan estrategias autobiográficas para realzar la sensación de autenticidad. Además, todos están enmarcados en ambientaciones hiperrealistas, y las autoras siembran las páginas de parafernalia procedente de la cultura popular. De esta manera no solo están realzando el tono genuino de lo narrado, sino que también adoptan una moda propia de esas obras para el gran público –o literatura pop– que algunos guardianes elitistas de la tradición literaria alemana siguen llamando hoy "Trivialliteratur" ("literatura trivial").
 
En un sentido, pues, puede decirse en efecto que una pretensión de estas mujeres jóvenes es dar a sus lectores una representación auténtica de lo que significa ser una mujer joven en la Alemania actual desde la perspectiva de las mujeres jóvenes. El tipo de ataques que han sufrido las novelas de Roche por su vulgaridad o la publicidad dada a la pequeña fechoría de Hegemann son ejemplos de cómo las experiencias de esta clase y la narración de las mismas pueden llegar en ocasiones a parecer disonantes –e incluso amenazantes– a los ojos de las buenas costumbres del establishment literario.
 
En cualquier caso, la mayoría de estas novelas –y también las obras teóricas– han recibido asimismo desapobración crítica por parte de feministas de renombre. Así pues, o bien el establishment literario las ha condenado por no considerarlas más que versiones en alemán del lucrativo modelo británico de la «chick-lit», o bien las feministas de más edad las han descalificado viendo en ellas ejemplos de cómo el contraataque antifeminista ha sido internalizado por una generación entera de mujeres jóvenes. No ofrece dudas, en efecto, que estas jóvenes escritoras centran su atención en asuntos muy diferentes a los de sus predecesoras feministas, y que en algunos casos pueden haber adoptado un enfoque bastante relajado orientado al éxito comercial, pero sus textos, no obstante, demuestran que las jóvenes escritoras conservan el afán por ahondar en las cuestiones sociales a las que tienen que enfrentarse las jóvenes de hoy en una atmósfera muy diferente de aquella en la que surgió la segunda oleada feminista. En la atmósfera actual, precisamente, quizá resulte mucho más peligrosa la posibilidad de que el potencial impacto político de la novela contemporánea se vea anulado por la tendencia mediática a refundir autora y protagonista, fenómeno que se puede observar especialmente en la recepción de las obras de Roche y Hegemann: sus novelas resulta que son «autobiográficas» y hablan de la experiencia de una mujer, no de cuestiones sociales vigentes de mayor alcance. Para terminar, lo que convierte estas novelas en parte de una fase particularmente fascinante de la literatura femenina contemporánea es su manifiesto impulso por distanciarse tanto de la literatura establecida, tradicionalmente masculina, como también del feminismo tal como se ha establecido en Alemania. Va a ser interesante observar cómo evoluciona la fuerza de este impulso a lo largo de los próximos diez años. 
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Emily Spiers 
está realizando una tesis doctoral sobre literatura contemporánea escrita por autoras británicas y alemanas.
 
 
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