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Alois Hotschnig

Mentiras y ambigüedades:
La ficción de Alois Hotschnig

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"Die Kinder beruhigte das nicht",
de Alois Hotschnig
La identidad es, en el mejor de los casos, algo elusivo. Pensamos saber quién somos, pero con frecuencia fuerzas internas y externas nos hacen inclinarnos de manera impremeditada a un lado u otro. E incluso cuando somos conscientes nos es fácil convencernos a nosotros mismos de que hemos elegido esa influencia, de que ejercemos el control. El escritor austriaco Alois Hotschnig ha explorado en varias novelas y una obra teatral el resbaladizo fondo entre el engaño y el autoengaño. Su cautivadora colección de relatos breves "Quizá esta vez", cuya traducción inglesa acaba de publicar Peirene Press, es una demostración aun más profunda de lo intrincado de las falsas ilusiones. Hotschnig disecciona en ella las distorsiones y contorsiones psicológicas a que se recurre en el afán de afirmarse a sí mismo sea para bien o para mal. Y entonces el autor vuelve también al mundo exterior su mirada quirúrgica, revelando el misterio inherente a las situaciones prácticas, algo evidente para quienes estén dispuestos a mirar lo bastante de cerca.
 
Los intensos dramas psicológicos de los relatos de Hotschnig resultan tanto más escalofriantes por la normalidad que aparenta el narrador y el tono sereno, fríamente objetivo, con el que van siendo descritas situaciones extrañas o perturbadoras. Nada más que alguna que otra ola ocasional agita la plácida superficie del relato; pero que las corrientes que bullen bajo la cristalina prosa del autor vayan revelándose siempre gradualmente no las hace menos turbulentas.
 
Lo que ven los personajes de Hotschnig es menos inquietante que el modo en que perciben y asimilan lo observado. En un relato, un hombre se pasa el día entero, día tras día, contemplando a sus vecinos echados en tumbonas en el exterior de su casa a la orilla de un lago. Es un interés perplejo, que los mismos vecinos espolean al negarse a admitirlo, y que termina convirtiéndose en una fascinación enfermiza. Al poco tiempo no bastará ya mirar a los vecinos. El hombre ahora toma notas sobre su inamovible rutina, y por el día los fotografía para poder estudiarlos por la noche. Todo su tiempo de vigilia, e incluso su noción de sí mismo, terminan entregados a la inmóvil pareja. Horrorizado por su obsesión, hace un intento de volverse atrás que se malogra de modo cómico. En otro de los relatos, un hombre que vuelve a casa tras visitar a un viejo amigo cae en una trampa que le tiende la vecina de este. La extraña mujer no solo parece conocerle bien, sino que incluso posee una colección de muñecos que representan al hombre en diversas edades de su vida. Sin decir apenas nada, la mujer le deja solo con estos emblemas de sus propias identidades pasadas. Y el hombre se vuelve adicto a estos encuentros que le desvelan niveles de autoconciencia hasta entonces inaccesibles.
 
Hasta las historias más normales vistas desde fuera están impregnadas en el fondo por un aire amenazante o un pavor oculto. En "Dos maneras de abandonar", el protagonista recibe con agitación la convocatoria de una mujer de la que había sido amante y a quien abandonó años atrás por motivos que no pudo explicarle a ella ni a sí mismo. Cuando llega al apartamento de ella, la casa está preparada para una cena íntima, pero la mujer no está. Mientras pasea por el piso, en el antiguo amante va creciendo una sensación de extrañeza respecto al que fue entonces y también al que es ahora.
 
En The New York Review of Books y en el Times Literary Suplement, el crítico y traductor Tim Parks ha hecho constar que en Europa está avanzando una ficción internacional de rasgos uniformes, a expensas de las variedades marcadamente nacionales. Cada vez, en este sentido, resulta más difícil encontrar «ese tipo de obra reveladora a través de los sutiles matices de su idioma y cultura literaria propios, ese modo de escribir capaz de vapulear o exaltar el modo en que vive realmente este o aquel grupo lingüístico». En vez de eso, en opinión de Parks, son cada vez más los escritores europeos que, deseando ampliar su audiencia, y ya lo hagan de manera consciente o inconsciente, elaboran su estilo y modo narrativo de forma que puedan ser traducidos fácilmente al inglés. Las tradiciones nacionales y las complejidades culturales, y con ellas las características idiomáticas particulares, son sometidas así a un proceso de lijado que aspira a una cierta fluidez de atractivo global. Hotschnig, en ese caso, sería un escritor claramente alejado de tal tendencia. Desde sus primeras obras, es sin excepción un escritor inconfundiblemente austriaco, que aplica un compromiso íntimo y activo con las complejidades culturales y poéticas de su país y que se regodea en el idioma allí usado.
 
En la obra teatral "Absolución", puede ser o puede no ser que un hijo se haya suicidado en protesta por los abusos de niños cometidos por su padre cuando fue profesor. La gente miró para otro lado en aquel momento, y ahora el padre pretende comenzar una carrera política. No puede haber absolución sin reconocimiento de la falta; pero, por descontado al tratarse de una obra de Hotschnig, será una absolución de doble filo en el mejor de los casos. En "La habitación de Ludwig", segunda novela del autor, aparece un pueblo de la Carintia sujeto al acuerdo tácito de no revelar la culpabilidad de varios de sus ciudadanos que estuvieron implicados en la organización de un campo de trabajos forzados emplazado en las cercanías. El conocimiento de este hecho y la complicidad subsiguiente envenenan durante generaciones a los habitantes de la localidad, que se convierten en copartícipes de la responsabilidad colectiva al negarse a presentar cuentas por propia iniciativa a sus vecinos y parientes. En esta novela, la culpa no es algo heredado ni colectivo, pero sí la responsabilidad.
 
Los relatos de "Quizá esta vez" pueden leerse como un contrapunto psicológico para la negación y la represión del pasado. Las identidades individuales desarrolladas en un grupo humano que ha construido su identidad colectiva sobre una falsa ilusión –digamos, por ejemplo, la de haber sido la primera víctima de Hitler– tienen una tendencia más fuerte que lo usual a la fragilidad y a la propensión a la psicosis. Numerosos personajes de Hotschnig sufren esta deformación: el hombre que vive entre vecinos casi en coma, o aquel otro que sólo es capaz de acceder a su propio pasado gracias a la peregrina intervención de una especie de bruja, o esa familia que vive del mito de un tío benefactor pero siempre ausente, o el protagonista del último relato del libro, una figura camaleónica cuya identidad depende por entero de cómo le ven sus vecinos.
 
Sin embargo, los relatos también podemos leerlos prescindiendo de cualquier contexto cultural o histórico específico, y encontraremos que son fascinantes alegorías de cómo la persona va negociando por sí misma para abrirse camino entre las confusiones de la vida contemporánea. Y –algo no menos importante– son relatos divertidos, a su manera oscura y adusta. "Quizá esta vez" ("Maybe This Time") es la segunda obra de Alois Hotschnig editada en lengua inglesa. Con ella, los lectores que ya conocen la novela "Las manos de Leonardo" ("Leonardo’s Hands", University of Nebraska Press, 1999) podrán captar mejor la envergadura y versatilidad del autor, además de que servirá para presentar a nuevos lectores esta voz cautivadora y sin igual de la literatura en lengua alemana.
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Tess Lewis
es traductora de alemán y francés y Redactora Asesora en The Hudson Review. En 2009 le fue concedida una Beca de Traducción NEA y una Ayuda a la Traducción PEN para la traducción de la recopilación de relatos de Alois Hotschnig "Maybe This Time" (Peirene Press). Su última traducción ha sido "Splithead" de Julya Rabinowich, realizada para Portobello Books. Tess Lewis escribe también obra ensayística sobre literatura europea para numerosas revistas literarias, entre ellas The New Criterion, The Hudson Review, World Literature Today, The American Scholar y Bookforum.
 
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