Se estrena con éxito la Feria del Libro de Viena.

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Por Thomas Keul

Viena es ese tipo de sitio donde los pesimistas suelen tener razón. Y ese escepticimo local frente a todas las cosas fue justo lo que se puso de manifiesto con ocasión de los preparativos para la primera feria vienesa del libro, desarrollada en noviembre pasado bajo la denominación Buch Wien 08 ("Viena y el Libro 2008"). Durante los últimos sesenta años, el sector del libro se había contentado con la Wiener Buchwoche ("Semana Vienesa del libro"), un evento celebrado en el ayuntamiento y origanizado por el sector librero nacional, por lo cual había de entenderse ante todo la actividad editora del país. Y, de haber sido por muchos de los editores más veteranos implicados, así se podría haber seguido tranquilamente otros sesenta años más.
 
Si la ya anticuada Buchwoche en el ayuntamiento neogótico de la ciudad ha sido sustituida por un festival del libro organizado con criterios internacionales en el nuevo centro vienés de exposiciones, ello se debe ante todo a la iniciativa de la Asociación de Libreros Austriacos, y más en concreto a su Presidente, Alexander Potyka. El éxito ha justificado sobradamente su actuación. Una entusiasta afluencia de más de 31.000 personas acudió a comprobar por sí misma qué tenían que ofrecerle las editoriales participantes o a asistir a los eventos desarrollados en la feria y la Lesefestwoche, el festival de lectura paralelo. En ello ve Potyka un signo de que «hace ya mucho tiempo que era obligado un festival del libro en Viena».
 
La relevancia que Austria asigna a la feria en su calidad de evento oficial resultó evidente en el elevado número de políticos nacionales que asistieron a la inauguración oficial el 19 de noviembre de 2008. Junto al Concejal de Cultura de Viena, Andreas Mailath-Pokorny, y la Ministra de Educación y Arte, Claudia Schmied, ni siquiera faltó el Presidente del Parlamento Federal, Heinz Fischer, que no podía irse sin decir algunas palabras, en las que resumió datos de gran alcance histórico. En su opinión, Book Vienna es «un nuevo paso que refleja los cambios que se han producido desde que cayó el telón de acero, así como la reciente cercanía en que se encuentran los países de Europa Central por la acción de la Unión Europea».
 
En contraste con esta retórica política algo solemne, Matthias Limbeck, director de la entidad organizadora (Reed Exhibitions), pronunció su discurso de apertura en un tono de grata humildad. En modo alguno, sostuvo, podría compararse Book Vienna 08 con las célebres ferias celebradas en Leipzig y Fráncfort: la intención de la feria vienesa es antes que nada poner a las editoriales en contacto directo con sus lectores.
 
Evitar comparaciones con Fráncort y Leipzig es, qué duda cabe, una buena maniobra estratégica: con nada más que 271 expositores repartidos en un área de en torno a 7.000 metros cuadrados, el evento vienés no puede aspirar de ningún modo, a fecha de hoy, a competir directamente con los cabezas de serie.
 
Mientras que editoriales como Random House, Hanser y Diogenes agarraron al vuelo esta oportunidad de presentar sus productos al público austriaco, hubo también algunas ausencias notables, por ejemplo Suhrkamp y Rowohlt. Por otro lado, y como era de esperar, las fuerzas editoriales austriacas sí estuvieron representadas al completo.
 
Acudieron asimismo a la cita, llenas de entusiasmo, numerosas pequeñas editoriales del panorama independiente, cuyos innovadores programas fueron una aportación con sello propio al sugerente escenario que fue la feria en su conjunto. Así, los stands de Urs Engeler, Blumenbar, Lilienfeld, Reprodukt, Merve, Salis o Mitteldeutscher Verlag contaron todos con sus visitantes ávidos y preguntones.
 
La feria tenía como tema preferente la literatura del sureste europeo, un reflejo del papel histórico de Viena que encontraba su expresión en los stands de los países colaboradores Bulgaria, Hungria, Serbia, Croacia, Rumanía y Eslovaquia, acompañados de los de numerosas otras organizaciones. Con su ironía y sus repiqueteos críticos, el discurso de Ilija Trojanow en la ceremonia inaugural fue el complemento perfecto para honrar a los protagonistas del desaparecido Imperio de los Habsburgo.
 
Un éxito notable dentro de la feria fue el que consiguió la Lesefestwoche ("Semana de Lecturas") desarrollada como evento paralelo, a la que la directora de programación Gabriele Madeja había invitado estrellas y principiantes de todas partes del mundo. Durante una semana entera, la literatura se convirtió en el tema de conversación en más de setenta puntos repartidos por toda la ciudad. Donna Leon protagonizaba dos eventos igual de abarrotados, y Elke Heidenreich leyó para el público más audaz montado en la noria gigante de Viena, sometida a un verdadero vendaval. La literatura de Europa Oriental estuvo representada, entre otras figuras, por Peter Esterhazy, Ismail Kadare, Juri Andruchowytsch, Nenad Popovic, Dragan Velikic, Georgi Gospodinov, Peter Zilahy y Alek Popov.
 
En el pequeño teatro vienés conocido como el "Brut" se desarrolló también un programa oficioso dedicado a las editoriales independientes, en el que participaron grandes figuras como el renombrado teórico y crítico cultural Klaus Theweleit, que habló sobre su "Cancionero de Sigmund Freud" y puso música extraída del mismo, o Thomas Kapielski, que compartió con los asistentes pasajes de su sustanciosa obra.
 
Gran capacidad de atracción demostraron los eventos para niños y adolescentes, con el aforo reservado por completo desde días atrás. Los organizadores pudieron encargar de las lecturas a invitados como Wolfgang Hohlbein, Helga Bansch, Adelheid Dahiméne, Franz Obel, Heinz Janisch, Lene Mayer-Skumanz y Michael Stavaric.
 
En cuanto a las cifras de la feria, fueron también una agradable sorpresa. Gracias al entusiasmo y apoyo del público, la facturación total prevista se había alcanzado ya a mediados del evento. La reacción de la mayoría de las editoriales presentes era más que positiva. En palabras de Reinhold Joppich, director de marketing de Kiepenheuer & Witsch: «En principio era bastante escéptico acerca de que el plan del evento pudiera tomar velocidad, pero las multitudes que ha atraído han sido una grata sorpresa. El primer día, sin ir más lejos, vinieron bastantes visitas escolares, lo cual es un plus indiscutible.» Herwig Bitsche, director de una editorial como Residenz, bien asentada desde hace ya largos años, compartía el mismo punto de vista, mostrándose impresionado por la nutrida afluencia de lectores a Book Vienna: «Ha sido un comienzo soberbio, y espero que los años venideros la feria se convierta en una cita segura en nuestras agendas.»
 
Concluidos los cuatro días del festival, los organizadores –Reed Exhibitions y la Asociación de Libreros Austriacos– estaban más que satisfechos. Los cimientos ya estaban puestos. Ya ha entrado en su fase de planificación "Book Vienna 09", y por lo que puede deducirse de las reacciones tan positivas de los expositores de 2008, todo parece indicar que para esta próxima vez las editoriales ausentes el pasado mes de noviembre van a reconsiderar radicalmente su decisión.
 
 
Traducción de Jamie Searle.
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Thomas Keul
es redactor jefe de Volltext, revista literaria mensual editada en Viena.
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