Una ciudad escucha embelesada

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Del 28 mayo al 1 junio de 2008 se celebró en Salzburgo un festival literario de nueva creación. Informa Jochen Jung

Debe de hacer mucho, mucho tiempo desde que alguna audiencia se mostró tan entusiasmada, distendida y feliz después de un evento como se mostraron los asistentes a la velada de apertura del primer Festival Literario de Salzburgo. Y los responsables de ello no fueron solo los cinco escritores que se encargaron de unas lecturas verdaderamente regocijantes. No, la verdad es que la causa fueron las obras en sí mismas, pues los buenos textos fomentan las buenas sensaciones, y en esta ocasión también se debió a que hallaron eco en el público, que se sintió tomado en serio más allá de la comicidad de las palabras pronunciadas.
 
Nombres célebres como Martin Walser y Michael Köhlmeier compartieron escenario con escritores menos famosos – aunque fascinantes –, como por ejemplo esa exhibición literaria bufa que es Brigitta Falkner o el virtuoso de la poesía Jan Wagner. Maestros de la forma narrativa como Robert Menasse alternaron con otros colegas como Michael Lentz y Albert Ostermaier, que intercalaban música en sus textos para crear efectos emocionantes. El menú incluía, pues, platos exigentes y otros despreocupados; uno podía disfrutar alegremente, pero al mismo tiempo se veía llevado a reflexionar.
 
¡Todo fue, de verdad, tan simple! El concepto de festival literario no es una novedad, ni mucho menos, y antes de este había habido unos pocos intentos que naufragaron a causa de conflictos de intereses. Pero aquí en Salzburgo, una ciudad hasta la fecha inundada por una plétora de festivales dedicados a la música, el teatro, la danza y el arte, había un deseo extraordinariamente intenso de completar el conjunto con la literatura. Al fin y al cabo, no hacían falta más que puro ímpetu, resolución y una decisión imaginativa sobre qué forma habría de tomar el evento, y con ello ya echaría a andar el Festival Literario.
 
La idea era reunir una amplia variedad de autores y el abanico más amplio posible de temas y formas de expresión literaria, para ofrecer así, en nada más que unos pocos días, una imagen de la asombrosa riqueza que exhibe la literatura en su modo de reaccionar ante el mundo. La literatura intenta divertirnos, y buscar respuestas a las grandes cuestiones de la vida. Intenta examinar, así de sencillo, cómo vive la gente, cómo se relaciona con los demás o, si a eso vamos, cómo no se relaciona. Intenta ser veraz, e intenta también no desaprovechar una oportunidad única – ese logro tan espectacular del arte de las letras y las palabras en la máxima expresión de su poder – de crear belleza.
 
La literatura no es, de ningún modo, una forma de arte público. Nos encontramos con ella a solas, con el libro en la mano, bajo la luz de una lámpara. El texto y yo: he ahí el desafío, y también lo placentero del asunto. Y, en este mundo cada vez más alienado, el encuentro con un artista termina siempre convirtiéndose en una referencia personal propia. Otra persona, un escritor, nos lee lo que ha creado, observado o vivido, y nosotros nos estamos ahí sentados, escuchando, mientras nuestras experiencias propias traban un diálogo silencioso con las del autor. El carácter único de esos pocos días en Salzburgo empezaba por los mismos escritores, y la gratitud que sentimos todos cuantos les escuchamos era, en primer y principalísimo lugar, el tributo que les rendíamos.
 
Todo el mundo estaba de acuerdo en que el primer festival literario de Salzburgo no debería ser el último, de eso no había duda, y en el mismo momento de darse por concluido todos aguardábamos ya la llegada de su prevista próxima edición.
 
 
Traducción de Jamie Searle
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Jochen Jung
es editor en Jung und Jung, editorial independiente radicada en Salzburgo, además de novelista y traductor.
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