La Feria del Libro de Fráncfort celebra su sesenta aniversario

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Una entrevista con su director Juergen Boos

Al principio fue una modesta exposición en la Iglesia de San Pablo de Fráncfort. Sesenta años después, es la mayor feria del libro en todo el mundo, sin la cual faltaría algo en la agenda de cualquier editor. Todos los que trabajan en el mundo editorial tienen su porción propia de "historias de Fráncfort", ya sea sobre tratos insensatos, sobre libros "con soplo", sobre fiestas bien entrada la noche o, incluso, sobre cómo encontraron a su futuro cónyuge. Pero el aniversario de este año nos ofrece una bienvenida pausa para pensar y reflexionar acerca de un evento que, como cualquier otra cosa en aquella época, se alzó de entre los escombros de la Alemania de posguerra. Era la Alemania de los sectores (Fráncfort, en el estadounidense); una Alemania en que los libros no eran necesariamente una prioridad máxima. Y también, según se fue haciendo inevitable la división del estado, fue un tiempo que precisó de creatividad ingente y una determinación inamovible para poder reconstruir una industria vinculada tan estrechamente a viejos días más felices.
 
En 1949, unos 200 editores alemanes presentaron alrededor de 10000 títulos a 14000 visitantes: una respuesta muy alentadora, que demostraba, como confirmó el año siguiente, que el robusto árbol plantado había echado raíces. Un elemento interesante en la mezcla inicial fue el significativo papel que desempeñaron los emigrantes del ramo del libro, quienes en su regreso desde sus países de adopción traían consigo sus experiencias propias y sus relaciones, con lo que resultaron vitales para la floreciente vida internacional de la Feria. Dicha internacionalidad sigue siendo hoy una de las atracciones de la Feria, sea a través del país invitado de cada año o en cualquier cena típica de Fráncfort, en la que seguramente en una mesa para ocho personas podrán verse representadas ocho nacionalidades distintas.
 
Cada década de la historia de esta feria del libro tiene sus propios hitos, todos reflejo de las aspiraciones e ideas del director respectivo y del papel de la política en ese momento. En 1959, por ejemplo, dos novelas causaron particular revuelo en razón de cómo trataban el problema del ajuste de cuentas con el pasado: Billar a las nueve y media de Heinrich Böll y El tambor de hojalata de Günter Grass. La década de 1960 trajo consigo discusión y algo de discordia: hubo quienes refunfuñaron por que los aspectos económicos estuvieran sepultando la importancia cultural y social de Fráncfort. Los asuntos nacionales internos se hicieron sentir, asimismo, lo que culminó en la llamada "Feria de la policía" de 1968, cuando las protestas se convirtieron en disturbios. Según la década tocaba a su fin, la Feria había establecido una postura inequívoca, esforzándose por ofrecer una plataforma para la discusión tanto política como cultural y recalcando su compromiso con la libertad de expresión.
 
La conciencia de su responsabilidad política, las iniciativas en el campo educativo y la profundización en los vínculos internacionales fueron los factores distintivos en la década de 1970, desarrollados con vehemencia bajo la mano rectora de Peter Weidhaas, que permaneció en el puesto de director de la Feria durante veinticinco años, desde 1975. En la década de 1980 se produjo la llegada de los países del bloque oriental, recién liberados. El compromiso con unas relaciones internacionales bidireccionales quedó cimentado al establecerse Oficinas del Libro Alemán en Moscú, Bucarest y Varsovia, a las que seguirían las de Pekín, Nueva York y –la más reciente– Delhi.
 
El eslogan de la Feria de 1993, Frankfurt Goes Electronic, la creación del Centro del Cómic en 2000, el Foro para TV y cine en 2003 y el Stand Colectivo Non-book tres años más tarde muestran una feria en movimiento, que conecta con los últimos desarrollos y tendencias y refleja los saltos tecnológicos y los desplazamientos en el tradicional mercado del libro.
 
Los sesenta años de la Feria del Libro son el reflejo de sesenta intensos años de la industria del libro. Volvamos la vista atrás con interés y respeto, y miremos hacia delante anticipándonos al futuro. Y, en este momento, nos complace ceder la "cátedra" a Juergen Boos, director desde 2005, a quien le agradecemos nos concediera esta entrevista.
 
Mr. Boos, usted es el sexto Director de la Feria del Libro desde que empezó una vez acabada la guerra. ¿Cuáles cree usted que son las cualidades particulares que un director debe aportar en el cargo, y en qué han cambiado hoy las competencias de usted comparadas con, digamos, las de Peter Weidhaas?
No creo que haya una receta mágica para hacer un buen Director de la Feria del Libro. Para mí personalmente es importante mantenerse muy, muy al tanto de los cambios en todos los frentes del comercio librero, reaccionar y ahondar en ellos. La feria del libro ofrece una estructura para una comunicación exitosa, pero es necesario mantenerla lista en todo momento para que pueda adaptar los canales de esa comunicación, redirigiéndolos, creando nuevas áreas de captación o extendiéndose a otras si así se requiere. Es una tarea de romanos, basada por completo en el trabajo en equipo. Por ello, la fascinación por la comunicación es una parte esencial y específica del trabajo. Y también la fascinación por el comercio librero, no hace falta decirlo. Todas estas son cosas que cualquier director de una feria del libro tiene que poner sobre la mesa, y el ejemplo de Peter Weidhaas fue sobresaliente a este respecto. Un elemento que quizá sea diferente hoy en día es lo vertiginoso de las dimensiones y el ritmo de los cambios.
 
Recientemente se ha vuelto a intensificar aún más la internacionalidad en virtud de los compromisos que la Feria del Libro de Fráncfort ha contraído con las de Ciudad del Cabo y Abu Dhabi. ¿Se quedará esto aquí, o prevé usted iniciativas similares en otras partes del mundo?
Nuestro compromiso con Sudáfrica y Abu Dhabi ha sido una experiencia excepcionalmente positiva. En colaboración con PASA, asociación de editores de Sudáfrica, fundamos la Feria del Libro de Ciudad del Cabo, ahora en su tercer año de vida. Hoy esta feria se ha convertido en un punto real de encuentro para el ramo editorial del África Negra y el internacional. El año pasado, conjuntamente con ADACH, la autoridad cultural de Abu Dhabi, la Feria del Libro de Fráncfort emprendió Kitab, una alianza empresarial en los Emiratos Árabes Unidos. La aspiración de Kitab es vigorizar el mercado del libro en el mundo árabe, así como intensificar la promoción de la lectura en Abu Dhabi y los emiratos vecinos. También se hace hincapié en la profesionalización de la Feria Internacional del Libro de Abu Dhabi. En el año 2008 se ha vivido otro paso adelante: participaron 482 expositores de cuarenta y dos países, de los que unos 160 eran expositores internacionales no procedentes del mundo árabe. Las cifras demuestran que Abu Dhabi está ganando cada vez más relevancia, no sólo de cara a la industria editorial árabe, sino también en un plano mundial. Una razón para nuestra implicación en estos mercados radica en que el 55% de los expositores en Fráncfort son de procedencia internacional: y necesitamos saber qué es lo que los hace moverse, cuáles son sus impulsos, sus necesidades. Por eso es por lo que la experiencia internacional, pero también trabajar en red internacionalmente son algo vital para nosotros. En consecuencia, estamos abiertos a otras alianzas internacionales, si bien ahora no hay nada concreto en estudio.
 
¿Podría usted hablarnos un poco más sobre la Campaña de Alfabetización que pusieron en marcha en 2006: por qué les pareció que era algo importante, cuál es el impulso que la guía y sus aspiraciones en este momento?
De acuerdo con estadísticas oficiales, todavía existen cientos de millones de personas por todo el mundo que no saben leer ni escribir, y por cierto entre ellos en torno a cuatro millones de los llamados "analfabetos funcionales" en Alemania. Es importante que sigamos recordándonoslo a nosotros mismos y que nos esforcemos por cambiarlo. Ese fue el motivo de que escogiéramos «Educación para el futuro» como un centro clave de interés en la Feria de 2006. Y la LitCam, la Campaña de Alfabetización de la Feria del Libro de Fráncfort, es un camino que se deriva de ahí. Aspira no sólo a incrementar la percepción del problema mundial del analfabetismo, sino también a crear nuevas redes y ofrecer un escenario donde poder seguir intercambiando ideas y estrategias. La Feria del Libro de Fráncfort ofrece una plataforma internacional para discutir sobre contenidos y política cultural. Yendo más allá, somos el punto de encuentro global para el negocio internacional del libro. Para la industria editorial, la cuestión educativa tiene una importancia fundamental desde un punto de vista económico. Pues su actividad de negocio, después de todo, está basada en el hecho de que hay lectores ahí fuera, de que los productos de esta industria puedan ser usados y tengan demanda. Cuanto más seriamente nos tomemos la educación, tanto mayores serán nuestras oportunidades de crecer. Por ello, Fráncfort está predestinada a aplicar intensos esfuerzos en la educación, entendida como una cuestión de futuro.
 
Usted ha continuado e intensificado la tradición de tomar cada año un país concreto como centro de interés. ¿Qué dificultades encierra el proceso de selección, esto es, vienen los países hasta ustedes, o ustedes van hasta ellos? Este escaparate anual, ¿tiene impacto comercial?
Seleccionar los países para el Invitado de Honor es un proceso largo y peliagudo. En la mayoría de los casos, la iniciativa parte de las asociaciones de editores de cada uno de los países. A partir de ahí lleva unos dos años hasta que se toma una decisión definitiva, en la que influyen numerosos factores. Un detalle importante es que la regla del "Invitado de Honor" proviene de la década de 1970. En aquel tiempo los editores estaban descubriendo las posibilidades que ofrecía el márquetin dirigido a públicos concretos, e invertían cantidades impensables de dinero en tal propósito. En 1976, la Feria del Libro de Fráncfort replicó a las acusaciones de comercialización introduciendo temas focales bianuales, tales como "Latinoamérica" en 1976 y "El niño y el libro" en 1978. La intención era centrar la atención en áreas temáticas carentes de lobby propio, pero a la vez impulsar la actividad comercial para que recuperara su vigor. Y así sigue siendo hoy. La literatura latinoamericana debe en parte su bum internacional a su aparición en Fráncfort. En el caso del invitado de este año, Turquía, la lista de nuevas traducciones del turco que se están publicando ha aumentado hasta alrededor de 300 títulos. Hoy en día, los temas focales de este tipo forman parte de casi todas las ferias del libro importantes del mundo.
 
La Feria del Libro de Fráncfort, que ha crecido a pasos agigantados, ¿es hoy todo lo grande que puede llegar a ser? Salón del Cómic, Foro de TV y Cine, Centro de Prensa... ¿Hay espacio para seguir expandiéndose, y, si es así, en qué dirección?
Siempre hay espacio para crecer. Y, por descontado, siempre estamos considerando cómo podemos seguir expandiendo la oferta disponible para los editores. ¿Cómo reinventarnos a nosotros mismos, cómo adaptarnos a las necesidades del sector? Creo que la inauguración de nuestro Foro de cine y TV en 2003 es un buen ejemplo al respecto. El contenido es, de hecho, el tema central de la feria, y es también primordial cómo puedan usar ese contenido cualesquiera medios de cualquier tipo, sea el cine o los cómics, los juegos u otros. Al respecto, considero que la digitalización de los soportes es una evolución muy positiva, una evolución que incrementa las posibilidades de uso múltiple del contenido, al tiempo que anima a crear nuevos contenidos para nuevos tipos de soportes.
 
¿De dónde viene hoy la mayor amenaza para la industria del libro?
La mayor amenaza es una pérdida de creatividad y de disposición para afrontar riesgos, y también que decrezca el número de gente con algo que decir y la voluntad de decirlo. Pero esa amenaza es tan vieja como la misma imprenta.
 
¿Cuáles serán en 2008 los cambios concretos para la Feria, y cuáles prevé usted que serán los mayores cambios en la década próxima?
El gran cambio de este año es ofrecer una organización ferial impecable para todos los expositores y visitantes. Es un cambio de todos los años debido a que la industria y sus necesidades se hallan en constante movimiento. Trabajamos en ello en cuerpo y alma.
 
¿Y podríamos preguntarle sobre sus propios gustos en cuanto a lecturas? ¿Qué libros está usted leyendo o tiene en su mesilla de noche ahora mismo?
Me gusta Annie Proulx, pero también los cómics de Lewis Trondheim. Hace poco me ha causado la más profunda impresión la novela Taxi de Karen Duve. En este momento estoy leyendo también mucha literatura turca, y no en última razón para preparar la aparición de Turquía como Invitado de Honor. Me estoy dando cuenta de qué poco me había llegado de este país. Y eso actúa en mí como un estímulo, por supuesto.
 
Y al ponerse cómodo tras un día intenso en la oficina de Fráncfort o después de uno de sus muchos viajes de trabajo al extranjero, ¿qué música elegiría para relajarse?
Me gusta todo lo que salga un poco de lo normal, y ante todo la música electrónica. La lista es larga, desde David Sylvian a New Order y Stockhausen, pero también me gustan Jackson Brown y Van Morrison.
 
¿Cuál es el mejor consejo que le han dado nunca?
Sigue tu instinto.
 
¿Qué consejo daría a usted a un joven profesional con aspiraciones a convertirse algún día en director de la Feria?
Le diría: nunca reconozcas ante nadie que tienes tu corazón puesto en su trabajo.
 
¿Cómo tiene pensado descansar tras la feria de este año?
Leeré un buen libro.
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Juergen Boos
Tras recibir formación profesional como librero, Juergen Boos se licenció en gestión empresarial en Mannheim. Durante varios años trabajó como director de ventas del grupo editorial Droemer, Carl Hanser Verlag y Springer Verlag en Berlín. En 1997 asumió la dirección de márquetin, ventas y distribución del grupo editorial Wiley-VCH de Weinheim. Desde 2005 dirige la Feria del Libro de Fráncfort.
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